miércoles, 13 de noviembre de 2013

Dejando el nido

Todos los momentos que recuerdo de mi vida he estado en el colegio, aquí fue donde crecí, donde me desarrollé como persona y donde descubrí quién soy.

Aun recuerdo cuando estaba en pre-kinder y rogaba a mi papá que me llevara de vuelta a la casa, ¿Cómo no quería estar aquí? Bueno, está claro que con la edad que tenía no iba a poder darme cuenta del gran favor que mis padres me estaban haciendo, y que fue la mejor decisión que jamás pudieran haber tomado.

Ahora, estando aquí frente a ustedes, puedo decir que los papeles se invirtieron: todos quieren que salga del colegio y yo, realmente, no quiero.

Para mí el colegio es mi segundo hogar, paso la mayor parte del tiempo aquí, mi sala de ha vuelto mi pieza, mis compañeras mis hermanas, los profesores mis papás, mi comunidad escolar es mi familia.

En este lugar no solo aprendí cosas como matemáticas, lenguaje, ciencias, historia o arte, también aprendí a valorar, aprendí a creer en mí misma, a jugármela por algo que de verdad quiero, a levantarme cuantas veces sea necesario, y a servir a los demás.

Mi colegio tiene algo que lo hace especial, una especie de mística que lo caracteriza y eso es la unión y el cariño. Estando aquí siempre vas a sentirte acogido, sea por lo profesores, los compañeros, los directores, inspectores, y todos los componentes de la comunidad. Cómo me gusta llegar a una clase y decir: me encanta este profesor, me encanta como enseña, me encanta aprender. Los profesores aquí dejan de ser solo profesores, se convierten en amigos, en confidentes, en personas que sin importar qué sea, siempre van a estar ahí para ayudarte, y de alguna forma hacen que una clase se convierta lo más entretenido del mundo.

Creo que las personas le tenemos mucho miedo al cambio, tenemos un terror hacia lo que no conocemos. ¿Con quien voy a estar mi primer día de universidad? ¿Tendré amigos? ¿Los profesores serán parecidos a los de mi colegio? ¿Me gustará mi carrera? Son miles las preguntas que nos inquietan, y nos inquietan cada día más. Yo creo que nada será igual al colegio, nada nunca será tan especial como estar aquí.

En lo personal, voy a echar mucho de menos. Qué raro no saludar a Antonio todos los días en la portería, no ir a sala comunitaria para que Alejo nos informe de lo qué está pasando en el mundo, no ir al laboratorio para tener clases de biología, no llegar a la sala en la mañana, no tener un patio del encuentro, no escuchar la campana unas 20 veces al día, no ponerme la polera de la barra para ir al interescolar o no estar de 8 a 16 horas compartiendo con la misma gente.

Gracias a mi colegio me dí cuenta de la gran cantidad de cosas que se pueden hacer en esta vida, de todas las alternativas que existen, de que las puertas siempre están abiertas y que lo más importante es ponerle cariño a todo lo que se hace.

No puedo creer que este gran viaje de 14 años este terminando. Sé el colegio es una etapa que forma parte de la vida y que lamentablemente tiene que terminar. Pero aunque ya me voy, siempre voy a sentirme identificada con el colegio y voy a estar muy orgullosa de haber estudiado aquí, en mi colegio, en el Padre Hurtado y Juanita de los Andes.